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Bushi Dojo

¿Ética en la Bujinkan?


A menudo se asocia con las artes marciales solo la parte violenta, de autodefensa y supervivencia. Si bien estos aspectos son esenciales en cuanto a la finalidad primera y original, también hay otros aspectos que muchos dejan de lado a la hora de cumplir el rol de “maestro” o instructor, y que son la ética y los valores morales.

El rol de instructor implica una responsabilidad enorme no solo a la hora de formar practicantes con la capacidad de la autodefensa, sino también en el momento de otorgar las herramientas para que este practicante se convierta en un ser humano de bien, facultad imprescindible al tratar de crear una sociedad en paz. Para esto, el instructor tiene que ser un ejemplo moral y ético a seguir por el alumno, ya que lo que somos, lo que hacemos y lo que decimos, en ese orden, será una parte importante de lo que moldee a la persona que semana a semana viene a las puertas de nuestro Dojo para recibir una guía en el camino de las artes marciales.

Muchas veces he escuchado de boca del Sôke que nuestra Bujinkan es una gran familia, y como toda familia, a veces algunos de los miembros están en desacuerdo en un punto u otro, pero es triste ver como algunos tiran por la borda la ética cuando sus intereses están en el medio, y lo peor de todo, es que junto con la ética están tirando también el buen ejemplo, ya que los alumnos, en su muchas veces ciega confianza, toman como modelo la actitud de su instructor frente a una determinada situación. Los ojos y oídos de nuestros alumnos nos siguen más allá de las técnicas y frases kuden del Dojo, nos siguen en nuestra vida, en lo que hacemos y dejamos de hacer.

Me tocó vivir recientemente un episodio en mi lugar de residencia en el que un miembro de nuestra familia Bujinkan, alegaba frente a sus alumnos que yo le robaba la plata -el dinero- de las graduaciones a los míos. Una acusación falsa por supuesto, pero fácilmente verificable, aunque nunca la verificó.
Lo cierto es que este “instructor”, lejos de cuidarse de no injuriar a un familiar de la Bujinkan, y de hacer las averiguaciones necesarias, simplemente desparramó a los cuatro vientos sobre esta “persona non grata para la Bujinkan” hasta que llegó a oídos de uno de mis alumnos. Dolido, mi alumno me remitió una copia de una conversación por chat con este instructor. Su primer impulso de reacción fue el de ir rápida y crudamente a “aclarar” esta mentira, ya que él mismo tiene la membership -licencia- oficial así como su diploma japonés de 1er Dan, pero no sin antes consultarme por ello.

Por mi parte, si bien a nadie le gusta que lo traten de ladrón, y cierto es también que en momentos como estos a uno le gustaría estar en el siglo XIII, prevaleció el ejemplo que yo he recibido de muchos maestros japoneses y occidentales en el cual frente a injurias y calumnias uno despliega una sonrisa.
En palabras del Sôke: “Cuando alguien los insulta o les falta el respeto, el coraje de reír y no hacer de ellos un oponente es verdadero coraje”*.

Esto también se convierte en un ejemplo para nuestros alumnos, ya que podemos llenarnos la boca de palabras como “ética” pero en el preciso momento en el que alguien nos falta un poco el respeto, nuestra ética y los valores morales que queremos ejemplificar quedan en el bote de basura mas cercano…

Recordemos entonces a la hora de enseñar, o de tratar de enseñar, qué clase de seres humanos queremos que se vuelvan nuestros alumnos a través de nuestro ejemplo, y para ello no podemos hacer otra cosa que trabajar arduamente sobre nosotros mismos.
La grandeza del Budo yace en la virtud.


Rodrigo Guardia, Shidoshi 7º Dan Bujinkan Dojo

*Extracto del libro “Japanese sword fighting, secrets of the samurai” de Masaaki Hatsumi. Página 50. Traducción por Rodrigo Guardia.

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